Oda al descanso

Hace unos días circulaba por las redes una publicación que nos hizo pensar. El post hacía una reflexión sobre el sistema actual y de cómo te sientes culpable y te castigas cada vez que sientes que no estás siendo “productiva”.

¡Hay que ver lo que nos cuesta ser conscientes que el descanso no es un capricho! No es solo que sea malo, sino todo lo contrario.

Grábatelo a fuego. 

Disfrutar de la gustosa sensación de estar a pata suelta y los “cinco minutos más” no significa que seas una persona vaga, y, además de saber a gloria, aumenta tu resistencia física y mental, disminuye la diabetes y regula el estrés. Vamos que no es solo un placer, sino que estamos hablando de salud.

El descanso afecta a todo el organismo, la piel incluida. Porque sí, tu piel también necesita descansar. 

 

 

Lo mismo que te echas a dormir para recuperar energía para la siguiente jornada, el cuerpo también aprovecha estas horas para regenerarse. Y con él tu cutis.

Si eres observadora y te conoces, probablemente ya sepas que una rutina en los horarios, cenar ligero y de forma nutritiva y respetar los ritmos circadianos benefician a tu piel. 

¿Ritmos… qué? Mucho más sencillo de lo que parece, se trata de acompasar tu actividad y tu descanso a los ciclos que marca la luz y la oscuridad.

Tu ciclo interno de 24 horas viene determinado por el cambio de turno entre el sol y la luna. Como especie humana, nuestro organismo ha ido evolucionando hasta adaptarse a la rotación de la Tierra. 

Esto es, los ritmos circadianos son los culpables de que tengas un reloj biológico interno que regula los momentos del sueño y la alimentación, tu producción de hormonas y la temperatura.

Es este cronómetro interior el que te pide descansar cuando cae la noche y te avisa de que ya va siendo hora de ponerse en marcha por las mañanas. 

Lo mismo sucede con tu piel. Es normal que por las noches te pida productos más densos y untuosos como los aceites y texturas más ligeras para salir a la calle. Y de igual manera, hay que escuchar a los instintos. 

La noche es el momento de dar de comer a tu piel, pues mientras tú descansas en posición horizontal, tu piel se nutre. Cuando todo está en silencio es el momento para absorber con calma todo el ritual de belleza nocturno.

Aunque hay una tendencia que defiende la no aplicación de ningún producto para dejarla respirar, la experiencia nos dice que no es la piel la que cumple esta función, sino el sistema respiratorio quién lo realiza para todo el organismo. La piel no respira, se regenera. 

 

 

Aquí entran en juego las tres capas de tejido: epidermis, dermis e hipodermis. Esta última apoyada por el tejido adiposo y conjuntivo, compuestos por una sucesión de células que se multiplican durante su vida útil creando lo que denominamos piel. Y esto ocurre en gran parte mientras dormimos.

Solo hay que ver los efectos de un sueño reparador. Las ojeras desaparecen y tu piel está más luminosa y firme. 

Así que nos pusimos manos a la obra para aprovechar el descanso y sus beneficios en tu piel. Queríamos crear algo nutritivo que aguantara los giros de cabeza y el roce con la almohada.

De esta manera nació nuestro bálsamo reparador de noche absoluto de jazmín. De nuevo fue Celia, que para eso es tan fan de las mantecas vegetales, quien se encargó de conseguir la textura perfecta después de un largo proceso en el laboratorio y testearlo en la piel de diferentes mujeres de entre 30 y 75 años.

 

 

  


Sin duda, el producto perfecto para aquellas que les cuesta encontrar tiempo para cuidarse en su día a día. ¿Lo has probado? Nos encantaría conocer tu opinión.

es